13 noviembre 2012

Aquellas viejas teorías sobre la manipulación


Aquellas viejas teorías sobre la manipulación

Por Conrado Yasenza

Compañeros periodistas y no: A revisar las teorías. Refutamos a fines de los ochentas, y al calor de otras nuevas teorías, a los cientistas sociales que elaboraron sus formulaciones teóricas e investigaciones sobre el poder manipulador de los medios de comunicación. Ya acontecidos el 13 S y esencialmente el 8N, vemos hoy la profunda identificación de los manifestantes caceroleros con los tópicos esgrimidos por, por ejemplo, Jorge Lanata, y desde las usinas de Clarín y TN. Identificación que, en un contexto de potente confrontación de los medios masivos - Grupos Económicos- con el Gobierno Nacional, refuerza el nexo entre tópicos y manipulación. Los medios disponen, amplifican y reiteran su batería de ideas fuerza hacia los sectores sociales que, deseantes de ese escaso pero necesario alimento argumentativo, luego, y sin que medie proceso crítico alguno de apropiación y re-elaboración, repiten quizás hasta en un proceso de orden inconsciente. Entonces, y para volver a aquellas teorías que refutaron a las de los años 60 y 70, ¿En dónde podemos observar esa decodificación del mensaje por parte del receptor que lo hace suyo en un interesante proceso de resignificación? ¿Dónde percibimos la re-elaboración de esos mensaje propalados hasta el hartazgo por los medios masivos? Aquellas ideas centrales de Mc Luhan, "Somos lo que vemos" y "Formamos nuestras herramientas y luego éstas nos forman", nos siguen interpelando con relación a la máscara de la mediatización en donde mensaje y medio funcionan como una unidad que provoca profundas modificaciones en las culturas y sociedades. Y no quiero abundar en un determinismo tecnológico, pero creo que deberíamos volver a revisar y estudiar el profundo poder que poseen los grandes medios tecnológicos, que han desarrollado el Cable e Internet (no existían cuando Mc Luhan dijo aquello de que vivíamos en la Aldea Global), para influir en la producción de sentido común o en la opinión pública; para pensar si no sigue vigente la idea mediática de lograr que seamos lo que vemos y escuchamos; para detenernos en la reconsideración del poder que estas herramientas que formamos o desarrollamos a su vez nos forman. Pudimos ver, para volver a Cynthia García y su micrófono abierto en el centro de la manifestación cacerolera, la repetición de esos tropos mediáticos sin reformulación alguna ( aunque Sarlo diga que los manifestantes piensan estos temas antes de concurrir a las marchas del teflón): " 678 Rocho", "Riesgo país", "Miedo a la Presidenta", " No hay seguridad Jurídica"; "El mandato de Clarín dura 24 horas"; "Vivimos en una dictadura"; " A Hitler lo votaron las mayorías" ( esta es la más fuerte porque allí anida el huevo de la serpiente); otras de estigmatización y racismo: "Con nuestros impuestos se bancan a los vagos"; "Con el dinero de los jubilados se financia la AUH y los Planes". ¿Hay allí reflexión crítica, reformulación, re-elaboración, apropiación para la decodificación del mensaje? O es sólo la enunciación sin tamiz del soma diario que El Gran Hermano, que se halla en todos lados y en todos lo bares, vierte amablemente en las retinas y oídos del sujeto deseante de ese alimento que lo confirme en su identificación, en su condición de clase y en su pretensión arrogante de ser el núcleo mismo de la sociedad toda.


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